jueves, 30 de junio de 2011

Palomas y Gorriones: 25 de Octubre. Segundo Asesinato. La Historia de L...

Palomas y Gorriones: 25 de Octubre. Segundo Asesinato. La Historia de La Rubia, el perro y Job, el Mendigo.: "Pobre Perro. Solo lo siento por el. Ya no volverá a comer higaditos sufleados, ya no llevará abriguitos de cuadros rosas. Vas a tener que estropearte la pedicura de tus pequeñas patas lustrosas… Tu querida dueña ya no podrá llevarte más en brazos.
Me temo que por fin le ha llegado algo de oxigeno al cerebro…" (Sigue Leyendo)

miércoles, 29 de junio de 2011

Formulario de Pedido


Niguno de éstos campos debería faltar, pero los que llevan asterisco son imprescindibles


Próximamente colgaremos en éste espacio algunos libros de La Sastrería y Testimonios

Tu Nombre*:
Para Comunicarnos Mejor
Tu e-mail*:
Para Posibles Dudas o Consultas
Nombre de Quien Recibe el Regalo*:
Para la Dedicatoria
Nombre del Protagonista:
Si es distinto o es un mote... En blanco si quieres que lo elija yo.
Sexo: Hombre Mujer Hay Nombres "Confusos", no vaya a meter la pata
Su Fecha de Nacimiento* (dd/mm/aa):
Debo saber su Edad y su Cumpleaños
Relación entre Vosotros:
Si es tu Padre, tu Hijo, un Hermano, tu pareja...
Situación Sentimental:
Concretemos, no la vayamos a liar...

Déjanos una idea sobre lo que estás imaginando. También concreta si el protagonista es distinto al destinatario: Por ejemplo, un Cuento para tu Hijo que hable de su Padre.
Idea General de la Historia:
Cuéntame por encima lo que quieres reflejar en la Historia.
Ya Concretaremos.
¿Quieres Moraleja o transmitir un Mensaje o Idea?
Si quieres hacerle llegar un mensaje,
ya sea directa o indirectamente.


Elige Extensión de la Historia*:
Cuento: Menos de 20 páginas. Relato Corto: entre 20 y 40 páginas. Relato Largo: Más de 40 páginas.
Formato del Libro*:
Si la extensión del Relato es muy corta (cuento) y eliges Formato Físico sólo podrá ir Grapado, pero bien presentado! Si eliges Formáto Electrónico, lo prepararemos todo para que lo imprimas y encuadernes adecuadamente.
Fecha de Entrega* (dd/mm/aa):
No lo dejes para el último momento. Dime cuando lo querrías tener en tus manos.

La que Usaremos para elaborar la Historia. Piensa que en base a lo que describas aquí desarrollaré la historia, por lo tanto, si el Personaje de la Historia es otra persona diferente a la que recibirá el regalo, deberás hablarnos del "personaje". Utiliza el Campo anterior "Idea General de la Historia" o el último campo del formulario para explicarnos bien tu idea. Por ejemplo, puede que quieras regalar a tu hijo la historia de su Padre, para casos como ésos, lo ideal es que nos hables un poco de ambos en todos los campos.
Descripción Emocional:
Alegre, Serio, Sentimental, introvertido, Soñador, idealista, realista, etc.
Virtudes:
Trabajador, Responsable, Buen Amigo, Generoso...
Defectos:
Todos tenemos alguno...
Manías y Obsesiones:
Sólo si son Relevantes
¿Está pasando por un momento dificil?
Por encima, no hace falta concretar.
Otras Características Personales
Si crees que hay que Añadir algo.


Recuerda lo que comenté antes. Puede haber un destinatario diferente al personaje. En ése caso, háblanos de ambos.
Héroes Favoritos o Personajes que Admire:
Lo que sueña o soñó con ser de Mayor, por ejemplo. Pirata, Bombero, el Rey Arturo, Peter Pan...
Época o Universo Favorito:
Caballeros, Fantasía, Ciencia Ficción,
II Guerra Mundial, Egipto...
Animales o Seres que le Gusten:
Caballos, Elfos, Robots...
Cosas que no le Gustan:
Sobre lo visto anteriormente o sobre Defectos Humanos. Odia a los
Envidiosos, por ejemplo.
Juegos y/o Juguetes Favoritos:
Si es un Niño o cuando era un Niño.
Si le gusta especialmente algo:
Los Trenes, el Mar, una Puesta de Sol,
la Feria del Pueblo, el Otoño...
Aficiones:
Pintura, Escritura, Leer, Cine, Jardinería, Sillonbol, Zapping...
Mascotas:
Perro, Gato, Periquito... Si tiene, tuvo o le gustaría tener. Siempre que ésa mascota sea importante para él.
Dinos el Nombre si es posible
Historias Favoritas:
Cuentos, Novelas, Películas, Series, Historias Reales. Sólo si le gustan especialmente.
¿Lee mucho? ¿Qué lee?:
Si es aficionado a la lectura, cuéntanos sus gustos.

Muchas veces revivir una experiencia es la mejor de las Conversaciones entre amigos, puede ser una ayuda que nos cuentes alguna. Ya la "maquillaremos" y disimularemos para que forme parte de la historia. Aprovecha éste espacio para buscar ésa sensación. Amigos de la Infancia, el primer amor, cuando se abrió la cabeza con la bici, su Profesor Don Salustiano que le daba capones, etc.
Cuéntanos algo sobre él o ella:
Una Anécdota, curiosidad, lo que te gusta de él... Algo que le haga especial.
Escenas, Ideas, Personajes:
Cosas que quieres que formen parte de la Historia. Por ejemplo: La Luna, un Cazador, una Tarde de verano en la Playa...
Otros Personajes Principales:
Si quieres que tenga un(@s) Amig@(s), Compañer@(s) en la Historia
¿Crees que falta algo? Cuéntamelolo
Escribe aquí lo que creas que falta y que resulta importante.

Echa un último vistazo, revisa todos los datos, que no te dejas nada y después, pincha en "enviar". Si todo fue bien, te saltará una ventana de Confirmación En pocos días recibirás un e-mail para que revises tu "pedido". Si por alguna causa no pudieramos atender tu petición, te informaríamos de ello. En caso afirmativo, te explicaríamos el resto del proceso.
Revisa y Envía:

martes, 28 de junio de 2011

Buscando Distraerme, me encontré pensando....

Hace un mes o así, recibí un correo electrónico felicitándome por mi relato La Puerta. Orgulloso, claro, pero sobretodo agradecido por la molestia (no es habitual), respondí al mail. Creo que ha sido una de las mejores decisiones que he tomado desde hace mucho. El siguiente mail que me mandó es el que dejo a continuación, fue así como descubrí que la tal RubiaDeLaBici también era escritora y muy, muy buena. Desde ése día tengo una Amiga, crítica, consejera...  Y ella tiene lo mismo.  Rubia, el camino es largo, pero no vamos solos! Gracias!

Carta:
>>Estoy en la piscina, un domingocualquiera por la mañana, concretamente, el pasado domingo. Mis circunstanciasy yo hemos llegado temprano, así que he podido hacerme con una tumbona y hastaun banquito para los pies.
En una cesta se acumulan un par de periódicos consus respectivos dominicales, he comprado los dominicales y con ellos me handado los periódicos. Me espera también un libro de relatos, adquirido el díaanterior, de Samuel Becket, ya llevo leídos la mitad, interesante, no podríadecir que me gusten, si que son interesantes, es como meterse en la piel de unvagabundo loco, siempre, en cada relato, el protagonista es o parece unvagabundo loco, ¿y eso?, ¿ por qué será?, por si con eso no me basta, en mismanos tengo mi nuevo juguete, un I Phone. Leo una entrevista de Carmen Posadasa Vargas Llosa, en el dominical del País,  es floja y, aún (nunca se sabe)no me gusta Vargas Llosa, soy difícil de escandalizar, difícil de impactar, lasTravesuras de la niña mala, me impactó, por el momento, no lo leo más, hayotras cosas. Cojo mi Iphone, abro la última aplicación que me hanrecomendado, Wattpad, " tienes de todo, puedes leer lo que quieras",busco a Hesse, no está, quiero leer el manifiesto "Indignados", loencuentro en google, leo la mitad, hace referencia a Sartre, compañero deestudios, no he leído nada de Sartre, me voy a buscarlo a Wattpad, antes deencontrarlo tropiezo con un relato, " La puerta", no se de quién es,tampoco me importa, eso no es indicativo de que vaya a ser bueno o malo.Levanto la mirada, las circunstancias están bañándose, todo controlado, puedovolver a mi pantalla, abro el relato, empiezo a leer. No me aburre, eso si esun buen indicativo, de hecho, me gusta, quiero saber que pasa, quiero ver comoel niño sube angustiado esa escalera, recuerdo un sentimiento parecido,probablemente, seguramente, seguro, no me esperaba lo que le espera alprotagonista, a mi solo me esperaba un padre enfadado, enfadados los padres noson padres, son adultos amenazantes, así que en una pequeña proporción, hesentido lo que ese niño, he sido llamada para recibir la bronca y no hequerido ir, sin embargo he tenido que ir a que me riñeran por haber descargadoen el water la bola de filete que llevaba en mi boca por lo menos, por lomenos, veinte minutos, iba cargando con mi propia porción de pánicoinfantil.  Vuelvo al relato, me llama la atención cómo describe elsentimiento, el mismo sentimiento, durante párrafos y párrafos, sin que resulterepetitivo, sin que pierda la tensión, no se le agotan las palabras. Está bien,me gusta.

Pasa la mañana, me da tiempo de ponermealgo roja y hasta de bañarme. Vuelvo a casa con mis circunstancias. Pasan lashoras, pasa un día, por momentos me acuerdo del relato, eso ya lo eleva a lacategoría de "muy bueno". Bicheo, encuentro un blog, sigo bicheando,decido felicitar al autor, lo merece....
Lo felicito. Espero la respuesta, se queva a llegar pronto, posiblemente en la misma madrugada, él escribe, la genteque escribe y que lee  creer que los veo. Cien años de soledad, por lomenos lo he leído tres veces, se me sigue olvidando, lo intenté hace poco, noera el momento, entre libros, más libros, históricos, de Roma, dese vale de lanoche, el día no da horas suficientes, yo misma estaba a las 12,30 leyendo enun I Phone sus circunstancias, las que acabaron de motivarme a escribirle. Lavida a través de los libros que uno ha leído, llega la emoción, se despiertarápido cuando me recuerdo leyendo a Los Cinco,  yo soy Jorge, aún soyJorge, bajo las sábanas, con una linterna porque ya no eran horas de estardespierta y mi madre me había apagado la luz por lo menos en dos ocasionesya. Luego Los tres investigadores, Agatha Christie, ¿por qué no se habría yaescrito Harry Potter?, con lo que lo disfruté de adulta, no quiero ni imaginarsi lo hubiera cogido con 11 años. De ahí en adelante libros y más libros, hastael punto de olvidar lo que he leído, títulos, autores, tramas, a destacarCumbres Borrascosas, ¡ qué atmósfera!, Cornelia, no se de quién es, lo robé dela biblioteca de mi abuelo, huele a viejo, las pastas son verdes, desvaído ya,de tela, por ahí lo tengo, Siempre en capilla, Luisa Forrellad, también robadode la misma biblioteca, ganó un premio, creo que Planeta, hace mucho, escribióuno y no más, se casó, se dedicó a sus circunstancias, creo que a la vejez haescrito otro. Los pilares de la tierra, mi madre no quería que lo leyera aún,por lo visto era de mayores, lo leí a escondidas, por supuesto, Las edades deLulú, también a escondidas, Malena es nombre de tango, me gustaba AlmudenaGrandes, parecía que escribía lo que yo escribiría, si yo escribiera........,ahora ya no me gusta, creo que con la edad se ha politizado, se ha protegido,ya no se la ve en lo que escribe, supongo que es lo que tiene iradquiriendo técnica, pero me a mi me gusta ver a los escritores, o Templarios,de Reyes, de intriga, de...., de todo. Con el tiempo se van definiendo losgustos o van cambiando, seguramente sea eso, cambian, Murakami, apasionante,qué fantasía, qué realidad, me gusta la realidad, personajes que comen, follan,huelen. Descubro a Benedetti, La tregua, alucino.

No recuerdo cómo empecé a escribir,supongo que escribir, siempre he escrito, no se qué, no se dónde. Un díaescribo un relato. Nace una idea, decides que tienes que plasmarla, no quieresque se te vea, la camuflas un poco con un personaje que no eres tú (aunque erestú), sale un relato que no está mal del todo. Dos días más tarde el relato seconvierte en el primer capítulo de una novela, las palabras vuelan, las tardesvuelan, los personajes andan solos, no sabes dónde van a acabar, a veces losacuestas y no sabes cómo levantarlos al día siguiente y tienes que pensar dóndeirán, qué les pasará, qué pensarán. Te diviertes. Es parecido a leer. En dosmeses has escrito tu primera novela, la registras, la guardas. Llegan lascircunstancias, como le pasó a Luisa Forrellad, solo que además de lascircunstancias, hay que hacerse cargo de un trabajo. Fin de la libertad. Meduermo. Empiezo a correr subterránea, como el Guadiana, no hay tiempo paraescribir, lo intento pero me quedo dormida, no consigo una rutina, un ritmo,mis personajes se me mueren y, lo peor, a mi no me importa, me conformo conseguir leyendo. A veces el río es visible, hay pequeños conatos de otra novela,no termina de convencerme, vuelvo bajo el suelo.

Las circunstancias crecen, ya no selevantan de noche, sus manos empiezan a estar en sitios distintos a mi cuello,sus ojos fijan la atención en el mundo, aún son pequeñas pero ya no sonabsolutamente dependientes. El río sube a la superficie. Me despierto gritando¡LIBERTAD!, ¡ NECESITO LIBERTAD!, entonces VUELVO A ESCRIBIR, estoydesentrenada, no tengo una idea para una novela, los relatos siempre me hanparecido más complicados, pero corro, nado y vienen las ideas, pienso que el socorristase tiene que estar partiendo de risa a mi costa, debo parecer idiota, nadandode espaldas, riéndome, nadando surgen muchas ideas, la concentración esabsoluta, elevas un brazo, levantas el agua, las gotas caen en tu cara,directa a los ojos pero no los cierras, tienes las gafas, te limitas a ver elagua volar sobre ti y luego a escuchar el sonido de tu brazo al caer, una yotra vez, hasta aprenderlo, entre medio también suena tu respiración, entras entrance, llegan las ideas, tienes que tener cuidado porque te despistas y acabasdando con la mano en el bordillo de la piscina, hace daño, pero sigues riendoporque solo imaginar lo que vas a escribir te divierte.

Y escribes un relato, luego otro, luegootro más. Llegan ideas para una novela, solo el principio, no se como acabará,solo se algunas cosas que van a pasar, que creo que van a pasar, es posible queluego los personajes decidan que no pasen, ya veremos
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LaRubiaDeLaBici

Palomas y Gorriones: Juicio II. Narración de los Hechos de la TARDE del...

Palomas y Gorriones: Juicio II. Narración de los Hechos de la TARDE del...: "Pero justo antes de llegar, Rot cambió de idea. Creo que en el fondo no le apetecía entrar en la central y aguantar las miradas complacientes y sonrisas afectuosas.
- Se ha hecho tarde – me dijo. – Te invito a tomar algo y hablamos mientras – me sugirió. Yo dudé, pero me pareció normal. El día ya era suficientemente completo para el regreso de Rot, así que fuimos a cenar algo en el puesto de comida China de la esquina. Rot no comió mucho, se centró más en su libreta que en los tallarines." (Sigue Leyendo)

martes, 21 de junio de 2011

La Vaca que subió a la Montaña. 3ª y Última Parte

Antes deberías haber leído: 1ª Parte - 2ª Parte

3ª Parte.

         Y al galope tendido salió de aquellacerca esa familia aventurera. Dejando atrás los mugidos escandalosos de lasvacas y los toros que, alborotados, iban de un lado a otro sin entender nada delo ocurrido, nuestros protagonistas avanzaron por el mundo.
         Gallardo, echando una mirada fugaz alcercado,
se quedó bastante confundido. Las mediocres reses huían... ¡de la vallarota! Pobres cornudos y orejudos que se atemorizan ante la libertad. ¿Por quéno escapaban también? Simplemente porque el campo abierto les daba miedo. Allítenían sus vidas, entre las vallas; allí sus pequeñas parcelas de dominio, suhierba favorita, su paja acolchada, su charla rutinaria, sus mugidos, suspequeñas vidas. Sí, había que aceptar ciertas cosas, ¿no? Al pesado delgranjero apretando unas ubres por aquí o un varazo por allá; comportarse comoun bravo sin ser demasiado bravo, así, con disimulo, coceando, corneando, algúnbufido, pero sin exagerar... Hombre, tanta reja pinchuda, pues sí, molesta,pero oye, si te dan de comer bien... se aguanta, ¿no? Y de pronto, una valla reventada,una reja caída, un escape ofrecido... ¿escape? ¿A dónde? Con lo bien y con lo cómodoque se está aquí... No, no, a mi dejadme en paz de aventuras o ideales, yo conmi vida tranquila y mis costumbres... ¿un escape? Anda, déjate. A demás... ¿dequé vas a huir? ¿A dónde vas a ir? Mira que se te ocurren cosas raras, deja,deja, paso de escapar.
         Sí, así pensarían los buenos amigos quedejaba Gallardo—pues los tenía—y con tristeza y con un silencioso adiós sedespidió y continuó con su firme decisión y su familia galopante.
         Allí también quedó aquel incomprensibleser, con su singular e indescifrable idioma que a veces no entendía ni él mismo,pero para colmo de los casos anteriormente expuestos, ¿el tío no va y seconvence de que su ganado lo entiende? Vamos a ver, alma de algún dios, no vesque son gruñidos y graznidos, si por lo menos vocalizaras... Se podría dar elcaso. Pero tú debiste faltar a la escuela el día que explicaron que así como ungorrión jamás entiende a una vaca, ni por asomo una vaca va a entender a unhumano. Pero vas tú, con tu cansino palo largo dando por aquí y por allá y alver moverse a las reses, pues ala, tú te crees que es que te entienden...


         Mira, vamos a dejarlo, yo me voy connuestra familia aventurera y retomo su galopante escapada hacia el futuro. Yallí van los trotamunderos, recorriendo kilómetros incansablemente por aquellallanura tan inmensa. Horas después de que el galope se convirtiera en el trote,ya muy muy lejos de la granja, se cansaron y pasando de trote a paso,levantaron su mirada al horizonte y vieron algo extraño. Una inmensa mole deoscuridad se cernía sobre ellos. A lo lejos, una gran mancha oscura surgía dela tierra llenando de preocupación a Gallardo, Remi y Cloti.
         - ¿Qué es aquello, cariño?—preguntó laRemi.
         - Pues... no sé...—contestó Gallardo.
         - Es muy grande, papi—informó Cloti.
         - Si... si, ya lo veo, pequeña—yGallardo se paró y con él su familia.
         - Vas a embestir también contra eso,papi—preguntó divertida Cloti.
         - Pueeess... vamos, si hacefalta...—Gallardo no quiso defraudar a su pequeña.
         - No es por nada, cariño, pero lo veodemasiado grande, incluso para mi fortachón—comentó la Remi juguetona.
         - Descansemos un rato. Luego seguimosy, cuando estemos más cerca, ya veremos.
         Eso hicieron. Rumiaron un rato distraídosy silenciosos, disfrutando de aquél sabor tan nuevo, fresco y distinto de lahierba libre. Luego descansaron, pero allí tumbados y retozando, Gallardo noapartaba la vista de aquella mole oscura del horizonte.
         Al cabo de un rato, incorporándose,Gallardo les animó a continuar. Y continuaron, pero no sintieron ya unapersecución, ni una huida o escapada, se sintieron dueños al fin de suspezuñas, de sus pasos y sus huellas. Ellos mismos eligieron su destino, y éstefue aquella mole oscura del horizonte.
         Tras unas horas llegaron a lo queparecía ser el origen del extraño oscurecimiento del horizonte. Los tres,parados, miraron entre asustados y confundidos.
         - ¿Pero qué es ésto? –preguntó la Remi.
         - ¡Mami, mami! ¡La tierra estáarrugada!—gritaba alucinada Cloti.
         - ¿Cariño? ¿Qué es ésto?—insistió Remi mirandoa su marido esperando que Gallardo, dada su mayor experiencia en el campoabierto, supiera contestar. Pero Gallardo andaba absorto.
         - ¡Papi, Papi! ¡La hierba sube alcielo!—pero Gallardo no reaccionaba.
         - ¡Gallardo!
         - ¡Papi, Mami! ¿Qué le pasa a la tierra?¿Hay algo debajo enterrado que es muy grande?
         - No hija... Creo... que es la guaridadel Sol, debe ser el fin del mundo...—Un silencio acorraló a la familiaaventurera y los tres miraron a aquella gigantesca montaña. Pues era unamontaña o más  bien, un montón demontañas juntas. No, no era el fin del mundo ni la guarida del Sol, todo elmundo sabe que el sol tiene su morada en algún misterioso lugar dentro del mar,pero nuestra familia jamás había visto una montaña.
         - ¿Tan lejos hemos llegado? –preguntóRemi—Ni fin del mundo ni fin del munda, esto es muy feo y raro, ¡No piensoacercarme a eso!—dijo señalando con su hocico.
         - Papi, papi, ¿que hay debajo?
         - No lo sé, pequeña.
         - Mami, mira que hierba más verde, ¡quépinta tiene!
         - ¡Ni hablar del pelagin! No quiero nique te acerques, ¡siempre pensando en rumiar!
         - La verdad es que esa hierba... tienebuena pinta...—dejó caer Gallardo.
         - ¡Eso! ¡Tú anima a la cría! ¡Ni oírtequiero! ¡Ni hablar del pelo falso del granjero! ¡Andando! ¡Vamos! Tira pa´lantey sin acercarse a esa cosa tan fea. ¿Pero no veis que os podéis matar si subísahí? ¿Qué queréis, romperos la crisma? ¡Ni hablar, tira!
         Y Gallardo y Cloti, obedientes peromirando de reojo, siguieron andando bordeando las montañas.
         - ¡Vamos animal! Ahí arriba me voy asubir yo, ¡na´ menos! Para caerse y dejarse el cuello. ¡Matarme! Eso es lo que queréis.Yo creo que es que no me queréis—decía compungida la Remi dejando caer algunalagrimita de mártir—¡Mírala! ¡Pero mirarla! Lo fea y mala pinta que tiene...
         - Tranquila mama, que no vamos asubir...—tranquilizó Cloti.
         - No, claro, si... No me queréis y yaestá... Si preferís esa hierba tan verde antes que a mi... pues ala, iros,dejadme aquí sola...
         - Llevas razón, cariño,tranquila...—consoló ahora Gallardo—si nos caeríamos seguro, no podríamosmantener el equilibrio—y mientras le rozaba con su panza.
         - Si, claro, ahora... en el fondo estoysegura que os iríais los dos y me dejaríais aquí sola... ¿Eso es lo que queréis?
         - ¡Ay, mama!—dijeron Cloti y Gallardo ala vez.

         Al cabo de un buen rato, padre e hijaconsiguieron al fin apaciguar los sollozos de la Remi, y, ya en silencio,continuaron por aquel borde de las montañas que cada vez parecía más infinito.Pero llegó un momento crítico. El hambre no podía saciarse con aquella verdeverdísima hierba y ni tampoco con aquella hierba seca sequísima que pisaban;encima, ni un poquito de agua habían visto en horas.
         - Mami, tengo hambre—protestó Cloti.
         - ¡A callar!, qué ya sé por dondevas...—le atajó la madre.
         - Mami, tengo sed...
         - ¡Que quieres! ¿Que te de en el culo?¡Vamos, ni oírte quiero!
         - ¡Mmmuu!—protestó Clotilde.
         - ¿Cómo has dicho? ¿Cómo? Ven aquí,vaca vulgar... ¡Qué soez!
         Gallardo, conociendo a su amada ysabiendo que cuando el hambre y el cansancio la apretaban, su ánimo se hacíapor momentos más irascible, decidió intervenir.
         - Remi, cariño, descansemos un rato ydurmamos, así se nos olvidará el hambre y la sed—dijo Gallardo con la lenguacolgando.
         - Sí, sí, descansemos—aceptó la Remi tambiénhambrienta y sedienta pero sin decirlo.

         Se volvieron a recostar y comenzaronuna involuntaria competición de rugidos estomacales. Cloti intentaba convencera su madre, pero Remi, entre el hambre y el cansancio, cada vez estaba menoscomunicativa.
         - Mami...
         - ¡A callar!
         - Pero ma...
         - ¡Chiss!
         - M...
         - ¡Eich!
         Cloti se dio por vencida y, separándoserefunfuñando unos metros, se tumbó también haciendo burlas a escondidas.
         Gallardo y Remi se arrejuntaron un pocoy, bajo el soporífero sol y sobre la seca tierra, se durmieron.

         Un pequeño crujir despertó a Gallardoque, alzando la cabeza alarmado, encontró a Cloti. Los ojos se le salieron delas cuencas al ver que su pequeña, andando sobre la punta de sus pezuñas, contodo el sigilo del mundo, se escapaba de sus padres e iba directa hacia lamontaña.
         - ¡Clotilde!—le llamó asustado. Remidespertó sobresaltada y, de un salto, se puso sobre todas sus patas.
         Cloti, al verse descubierta, salió enestampida hacia la arrugada ladera.
         - ¡Clotilde! ¡Ven aquí!—gritó poseídala Remi.
         - ¡Hija, pequeña, no lo hagas!—pero lastripas de Cloti rugían demasiado y esa hierba de la ladera, tan verde, tanfresca... era demasiada tentación.
         - ¡Hija mía, que te vas a matar!—y laRemi, que saltó al galope tras su pequeña, lloraba histérica y muerta de miedopor el peligro de su pequeña.        
         Una especie de atronador atropello, demonstruosa estampida de miles de pezuñas, pasaron junto a Remi como una exhalación.Era Gallardo, que cómo siempre tardío en reacciones, galopaba como nunca trassu pequeña Clotilde.
         - ¡No lo hagas, pequeña!—pero ya eratarde. La pequeña Clotilde ya había comenzado a subir por la ladera y gritabafeliz y encantada.
         - ¡Qué hierba más blanda!—y subía ysubía.
         Sin haberse dado cuenta, Gallardo en sugallardía, sumido en su valiente rescate, también había empezado a subir detrásde su pequeña. El peligro de su Cloti le había nublado la vista dejando lanitidez tan sólo para su hija.
         - ¡Bien, papi!—felicitó contenta Clotial ver a su padre.
         - ¡Oh, tu también!—dijo apesadumbradaRemi sin percatarse que ella igualmente, y por iguales motivos, había comenzadola peligrosa ascensión.
         - ¡Bien!—gritó alegre Cloti viendo asus padres.
         De pronto, muy en lo alto, Cloti separó y miró a sus padres.
         Gallardo, no queriendo asustar a suhija, se frenó de golpe.
         - No te muevas pequeña, yo te salvaré.
         - ¿De qué, papi?
         - No hables, no respires, no mireshacia abajo... tranquila hija, te puedes caer, es peligroso...
         - ¡Que no, papi! Mira—dijo Clotildedando un par de saltitos y cabriolas en la empinada cuesta ante la alarmantemirada de sus padres.
         - ¡Looooooca! ¡Gallardooooo! ¡Bájala deahí! ¡Salva a mi pequeña!—gritó histérica Remi sin aún notar su situación.
         - ¡Pero si no pasa nada! ¡No noscaemos! ¡Mami, Papi, si ya estáis arriba! Mirad hacia abajo.
         Y sin saber exactamente por qué, losdos miraron hacia atrás, que en este caso era hacia abajo.
         Gallardo, como instintivamente, seagachó tanto que su panza tocaba la hierba. No podía creer donde estaba. Y laRemi, al ver su altura, con un grito poseído, se puso a temblar entera ellaestando, en el fondo, enteramente paralizada. Sus piernas se tambaleabanasustadas y comenzó a gritar y llorar.
         - ¡Gran Fenix! ¡Vamos a morir!¡Gallaaaardoooooo!
         Y el pobre Gallardo, que ya teníasuficiente con lo suyo, no sabía bien que hacer. Lo primero era vencer supropio miedo, pero... ¿después? Ir a salvar a su pequeña hija o ir a salvar asu amada Remi...
         - ¡Hola papi!—dijo Clotilde que habíabajado hasta su padre descartando así una de las opciones. Del susto inesperadoque se llevó Gallardo, casi se cae de verdad. Cloti miraba divertida a su padrey comenzó a trotar dando vueltas alrededor de su padre con una agilidad increíble.
         - ¡Vamos papi, relájate, no pasa nada!
         Gallardo, viendo la tranquilidad yseguridad de su hija, comenzó a hacerla caso. Relajando una pezuña, ladesenterró y dio un corto cortísimo paso.
         - ¡Muy bien papi!—aprobó Cloti. Luego,dejando a su padre, bajó trotando hasta su madre.
         - ¡No te acerques, que me tiraaas!—ylas temblorosas piernas de Remi golpeaban entre si.—Mala hija... eso es lo queeres...
         - Mami, mami... que no pasa nada—decíaCloti también dando vueltas en círculos alrededor de su madre—Mírame, no mecaigo ni nada.
         - ¡Déjame! ¿Es que no me quieres...?
         - ¡Mami! Mira a papa.
         Y Gallardo, con cierta seguridad, yabajaba hacia ellos. Como probando sus posibilidades, aún con cautela,zigzagueaba.
         - ¡Me queréis mataaar!—lloraba Remi.
         - Cariño, es verdad, no pasa nada—ledijo llegando Gallardo—No nos caemos ni nada.
         - ¡Dejadme en paz, dejadme!—Remi eraincapaz de reaccionar. De pronto, Gallardo, haciendo un guiño cómplice a suhija, dijo:
         - Bueno... pues tu te lo pierdes.
         - ¡Ves, ves, ya no me quieres!—protestóRemi.
         Gallardo, apartándose un poco perosiempre a la vista de Remi, agachó la cabeza y comenzó a arrancar hierbas.
         - ¡Mmmmm! Delicioso—dijo con la bocallena. Cloti, viendo el plan de su padre, le imitó. Comenzó también a comer laansiada hierba fresca.
         - ¡Ooooh! ¡Que buena!—decía mientrasrumiaba.
         - ¡Qué sabor!
         - ¡Qué olor!
         - ¡Qué fresquita!
         - ¡En mi vida probé algo parecido! –yaunque pretendían convencer a la Remi, la verdad es que todo lo que decían era,pues eso, verdad.
         - Uummmm
         - Madre mía... ¡Qué rico!
         Remi, aún temblorosa y gimoteando,aunque paralizada por el miedo, miraba de reojo a Gallardo y a Cloti, pero nose atrevía ni a agachar la cabeza.
         - ¡Cloti! Ven aquí a probar esta, quees más larga...—y Cloti, corriendo, iba hacia su padre.
         - Papi, mira esta más oscura junto alas rocas—y Gallardo trotando iba. Remi, mientras lo miraba todo de reojo.
         - ¡Oh! Esto es el paraíso del Gran Fénix..
         - ¡Exquisito!
         Y de pronto, no pudiendo aguantar más,la boca de Remi se abrió y sacando la lengua la comenzó a estirar todo loposible y parte de imposible. Pero no llegaba a la verde hierba. Por instinto,venciendo a regañadientes su miedo, agachó lentamente la cabeza hasta que sulengua tocó una brizna. Remi intentó enrollarla con la lengua, pero nada, nopodía.
         Luchó un rato con la brizna y viendo suderrota inminente, acabó sucumbiendo a la tentación y, finalmente, agachandomás su cabeza, consiguió arrancar un poco de hierba. Comenzó a rumiarlalentamente. Su temblor de piernas había cedido, pero no pidamos más, pues laRemi no se atrevía.
         - ¿A que está buena, mami?—y Remi, conla hierba aún asomando, no pudo más que esbozar una sonrisa resignada y decirentre dientes:
         - Bueno... No está mal...
         Y así fue como, por causa del hambre yde un sabor nuevo y fresco, poco a poco, Remi comenzó a rumiar. Más seguraagachaba su cabeza al principio, después se atrevía a girar el cuello en buscade más, hasta llegar el momento en que venció el miedo paralizante y, moviendocon pequeños pasos, osó cambiar su posición, pero sin mucho alarde, hay que decirlo.
        
         Cuando pasó un buen rato rumiando delos alrededores de su posición paralizante, la Remi, casi sin darse cuenta,comenzó a trasladarse en busca de otras zonas con hierba. Así pues, en eldisfrute de aquél festín, Remi olvidó todo y terminó yendo de aquí para allácomiendo y disfrutando de la hierba larga, de la oscura, de la amarilla, de lavida que le brindaba aquella loma de aquella montaña tan fea.

         Allí, compañeros míos, la familiatrotamundos, la familia galopante, la familia aventurera, la familia rumiante,decidió establecerse durante algunos largos años, siendo ellos, pues, unafamilia pionera en su especie y su estirpe, única en muchos sentidos, especialen otros muchos, pues jamás vacuno alguno habíase visto encaramado en unamontaña rumiando tranquilo pues, con aquella poca agilidad, sabían seguro quealguna desgracia les vendría subiendo a esas alturas, y claro estaba hasta quellego la loca y hambrienta, la temeraria y terca Clotilde y demostró queaquello, al fin y al cabo, era una tontería, pues no todo lo que nos pareceimpensable es imposible. No olvidéis, queridos animales míos, que tambiénnuestra familia pionera, especial y única, fue pionera, especial y única porotro motivo aún, incluso, más elevado. Pues fueron ellos, la atrevida Clotilde,la decidida Remi y el audaz y valiente Gallardo, los primeros vacunos quedecidieron rebelarse contra las vayas y las rejas pinchudas. Ahora, claro, loveis algo normal, pero debéis recordar que antes el mundo entero se dividía encercas y cercados, en granjas y en ganado, y fue la necesidad de trotar enlibertad, de acariciar sin temor y de ronronear sin peligro lo que llevó anuestra familia a embestir las vayas, derribar el cercado y escapar al campolibre.


         No, no, no os vayáis, pues osperderíais la más importante hazaña de nuestra pionera familia, la razón, elgermen de todos estos cambios que hemos vivido. ¿Creéis acaso que la apariciónde aquellas preciosas manchas fue un simple malentendido o desacuerdo entre loscolores paternos? ¡Ay, animales míos! ¡Todo lo contrario! Miles de eruditos yestudiosos, de sabios y científicos humanos estudiaron durante milenios lasorprendente aparición de esas manchas, y ahí siguen los pobres, ya con chepasy ciegos perdidos ojeando libros y estudiantes... ¡Así no verán nada! Aquí me tenéis,con mi palo largo y mis afinados gruñidos, que antes fui ciego y ahora tan solotuerto, cojo ya, viejo hace mucho, que sin haber leído un libro y siemprerodeados de vosotros, decidí un día desenrollar tanta vaya que tenia, arrancartantos cercados y acortar un poco mi vara; pues cuando dejé de oír los bufidosde Gallardo, cuando ya no disfruté de mi adorada Remigia y cuando deje deadmirar a Clotilde y sus preciosas manchas, primero estuve triste y luego fuifeliz, abrí los ojos una mañana y ya me harté de encerrar y de medir. Descubríque el cercado me atrapaba tan sólo a mi, que las rejas pinchudas me arañabansin darme cuenta y, sorprendido, averigüe que mi vara, que a veces la uso paramedir, no me alcanzaba ni siquiera a mi.


         Ala, ala, ala, tuuusa, ya os podéismarchar, mis amigos, y recordad una cosa, esta es vuestra granja, sin vayas,sin cercas y con mi corta vara, cuando el hambre os apriete tenéis hierba delos montes verdes, pero si algún día tenéis frío, aquí tenéis a vuestrogranjero amigo, con un establo calentito, con paja mullida y fresca y conalguna otra historia que puede que os sorprenda.


 f.j. Rohs

lunes, 20 de junio de 2011

Semiya, Siembra y Revolucion: Capítulo 6

Semiya, Siembra y Revolucion: Capítulo 6: " El Sr.Winston cogio con xtremo cuidado la lamina. La miro hipnotizado.-Vaya,vaya,vaya—dijo mientras depositaba la lamina n la mesa.—Biblia—leyo Winston—Vaya,vaya—repitio.
(Sigue leyendo)

viernes, 17 de junio de 2011

Palomas y Gorriones: Juicio. Narración de los hechos del 24 de Octubre

Palomas y Gorriones: Juicio. Narración de los hechos del 24 de Octubre: "- ¿Jura decir La Verdad, toda La Verdad y nada más que La Verdad con la Ayuda de Dios?
- Lo Juro
- Muchas gracias. Tome asiento y, en voz alta y clara, diga su nombre, profesión y relación o implicación con el caso para que conste en acta.
- Soy René Mary Sánchez, Inspectora de Segundo Grado del Departamento de Homicidios de la Comisaría Central. Junto a mi compañero el Inspector de primera Samuel C. Rot nos encargamos de la investigación del caso conocido como El Asesino de Palomas.." (sigue leyendo)

jueves, 16 de junio de 2011

La Vaca que Subió a la Montaña. 2ª Parte

Anteriormente: La Vaca que subió a la Montaña. 1ª Parte

2º Parte.

         En el atardecer de un día deverano, caluroso todo él, estaban tumbados Gallardo, a un lado de la valla, yla Remi, al otro lado, claro Cuado el negrísimo Gallardo rascaba con su cuernosuavemente la grande y preciosa panza de Remi, un movimiento brusco despertó ala adormilada y ahora madre por venir.
            Enderezándosede pronto, guardó silencio unos segundos.
            -Mi amor... Ya viene Clotilde—
y Gallardo, despistado, confuso y negro todo él,levantó la mirada y buscó a su alrededor sin comprender.
            -¿Quédices, cielo?
            -Clotilde, que quiere salir...
            -¿De donde? No entiendo cariño...
            -¡Pues de donde va a ser! ¡Cazurro! ¡Que estoy pariendo!—le gritó la doloridaRemi.


            Delsusto, Gallardo al fin comprendiendo la situación, miró con terror a la queriday preciosa panza de Remi. No se desmayó porqué era un toro. Recuperado elcontrol de sus facultades y dando el mayor salto registrado por vacuno alguno,salió disparado con esos fuertes y musculosos cuartos delanteros. Al llegar lomás cerca posible de la casa del granjero se puso a mugir con tal potencia quehasta los diez kilómetros de allí hubo protestas de algún quejica. Después deun buen rato entre los bufidos y mugidos más escandalosos jamás escuchados, dealguna forma que aún los estudiosos no logran descifrar, nuestro negro Gallardoconsiguió hacerse comprender ante el granjero y éste, entre sus extrañosgraznidos y gruñidos, de alguna forma que aún los eruditos andan meditando, comunicóa su toro que le indicará el camino hasta la dolorida Rimigia. Así pues, ambosdos, bajo la luna y el balanceo de un candil, llegaron hasta la parturienta.
            -¡Ata, ata ataaa! ¡Sieeeeeee! Muualeantaaa, Remiii. ¡Yaca, yaca!—decía elgranjero agachandose.
            -¡Yastaquí er rabooooo!—dijo sorprendido el granjero—Andaaa, si vienepatrasss—porque sí, la pequeña Clotilde desde su nacimiento se empeñó en seroriginal.
            -¡Chasca tuu!—dijo el bruto agarrando el rabo de la pequeña. Remigia, ladeandola cabeza, al ver al granjero con cara de bestia sujetando sin miramientos el apéndicede su Cloti, casi se le salen los ojos de las cuencas.
            -¡Gallardooo!—gitó histérica intuyendo la maniobra—¡Quítame a este animal deencimaaa!
            Ygallardo, mugiendo y coceando al otro lado de la estúpida vaya, a punto estuvode embestir. Pero en esto que el granjero dijo:
            -¡Mmmmññññeeeeeeaaau,empacá!-y tirando hizo salir de forma, paradogicamente, suave y dulce a nuestraClotilde.
            Cayendode culo, el granjero se quedó mirando a Clotilde desconcertado.
            -¿Peroeto queé? No ve tu—y era realmente extraño aquello que miraba, pues fíjenseustedes que resultó que Clotilde, empeñada, como dije, en seguir siendodiferente, no era ni blanca ni negra, sino todo lo contrario, esto es: las doscosas... No sé como decirlo. Era blanca y también negra, o negra y tambiénblanca. Vamos a ver si me explico: toda Clotilde estaba salpicada de manchas,digamos negras, pero bien podía ser al revés.
            Jamásen la vida vacuna cosa parecida habíase visto. Era como si el pelaje de nuestrapequeña se hubiera llenado de manchas, por cierto, preciosas.
            -¡Sita manchaaaa, tuuuuusaa!—el granjero no salía de su asombro. Gallardo, tapadopor el granjero, trataba de mirar por aquí y por allá ansioso por ver a su pequeña.Y la Remi, medio desmayada, no tenía fuerzas para levantar la cabeza siquiera. 
            -Gallardo, ¿la ves?—preguntaba con un hilillo de voz.
            -¡El tío éste! ¡Nada! ¿Quiere usted quitarse?
            Perono, el granjero, allí mirando, alucinaba. Con lentitud se agachó y miró aClotilde. De pronto, con una sonrisa, dijo:
            -¡Alaquetú! ¡Mira que bonica é la criatura!—gruño alegre—¡Qué gracioza, tú!
            Yen esto, con un brusco meneo, Clotilde se puso en pie y, aunque algo débil,comenzó a corretear.
            Gallardo,todo negro y bravo el, se quedó blanco y patitieso. Miraba con sus enormes ojosy, en un mágico silencio, seguía con su mirada a su pequeña y manchadaClotilde. Una especie de baba se le comenzó a caer de la boca y una felizsonrisa boba y orgullosa asomó en sus carrillos.
            Asíla vio, correteando alegre, medio saltando, tambaleándose hasta que, consuavidad, se acercó a su mama desmayada. Con una pequeñísima lengua comenzó alamer los ojos de su madre y ésta fue desperezándose.
            -¿Gallardo?—decíamedio aturdida aún. Por fin, despertando y abriendo los ojos, pudo ver a un ángelvacuno, una sirena de cuatro patas, una alondra correteante que con suavidad yamor le acariciaba con su hocico.
            -Mi pequeña...—la reconoció al fin—¡Pero bueno, mira como te has puesto ya! ¡Yacabas de salir! A ver como saco yo ahora esas manchas...—pues no, me da que noestaba del todo despierta.
            -¡Ayakayaaya,mira tú que bonica!—interrumpió nada hermoso el granjero provocando, eso sí,que la Remi despertara al fin.
            Lapequeña Clotilde volvía a corretear alegre y con pequeños saltitos y cabriolas,se lucía ante su madre.
            Ysu madre... Su madre en ese momento estaba en La Granja Celestial dando graciasante el Gran Fénix por haberle dado como hija al animal mas bello y graciosodel mundo.
            LaRemi no veía las bonitas manchas, Remi no veía sus graciosos saltitos, Remi noveía su tambaleante correteo. No, la Remi tan sólo veía a su pequeña Clotilde.
            Claroque, como ocurre con todas las madres, cuando pasa el tiempo emocionado queresta objetividad a la percepción y llega la mirada crítica y llena de rigor,la Remi, a parte de ver a su pequeña Clotilde, comenzó también a ver las más bonitas pezuñas d la granja y, también,las más dulces orejas del condado y las más delicadas pestañas de la comarcay el rabo más juguetón del país y el hocico mas respingón del planeta y las más graciosas manchas creadas por laSabia Naturaleza.
            Enfin, que les voy yo a contar.


            Pasaronasí, entre bellezas, las primeras semanas de vida de Clotilde y fueron usadaspor la Naturaleza para devolver las fuerzas a la madre y darle vigor a lapequeña. Pero no se engañen, pues la felicidad no existe como tal, por lo menospor ahora. Convengamos que existen momentos felices, incluso días, y esos silos tuvieron, aunque poco a poco, nuestra familia comenzó a perder esa alegríanecesaria.
            Nosólo la semana que pasó la pobre Clotilde siendo objeto de peregrinaje yadmiración por toda la manada de humanos, que viniendo de los sitios másdispares, llegaban a la ya popular granja para deleitarse ante la fantástica e increíblevisión de una manchas, eso casi fue lo de menos, ya conocemos a los pobreshumanos, mira que son raros, por unas manchas lo que andaban.
No, latragedia llegaba a la familia por otros motivos. El Gallardo cada día era másarisco pues odiaba a aquella reja pinchuda que le impedía limpiar o jugar consu Clotilde o acariciar a su mami querida.
La Remi sufríapues veía que aquellas que antes eran sus amigas y compañeras de pasto, ahorala miraban de reojo y cuchicheaban mentiras envidiosas sobre ella, sobreGallardo y sobre su extraña y salpicada hija.
Y Clotilde,aunque siempre sonriente, cierta tristeza le asomaba en sus grandes ojoscuando, intentando integrarse en el juego de las demás compañeras, estas la huíano evitaban por el simple consejo de sus madres.
Y era clara larazón, aunque no lo sea para los que piensen en las manchas, pues esos divinosdibujos tan sólo fue la excusa, pues obtusas como animales o como humanos,envidiosas como sólo humanos y listas como sólo animales, comprendieron queaquellas preciosas manchas eran la exteriorización de un sentimientoinalcanzable para cualquiera que sea obtuso, envidioso o listo, y en vez dehonrarse a sí mismos ante la admiración de un amor sincero, intentarondeshonrar, las pobres, a una familia que andaba muy, muy lejos de cualquierforma de ofensa.
¡Ah! Pero esosí... Puede haber algo que realmente haga daño a nuestra familia: La malditaReja, Valla, Cerca... Llámenla como quieran, pero ahí está, dividiendo loindivisible, separando esos cuellos enlazados, impidiendo el cariño. Así loentendieron la Familia envidiada.

- ¡Ya estoyarto, Remi! Todavía no he podido ni jugar con Cloti. Estoy cansado de que cadavez que quiero rascarte con mi asta o limpiar a la pequeña, me tengo que jugarel cuello o las orejas con la reja esta—dijo el Gallardo corneando la valla.
            -Qué me vas a decir a mí, viendo todo el día los cuchicheos de Roncada...¡Ronalda ya ni me saluda! Pobres... Se reúnen en el otro lado del prado... Miraque se aburren—dijo alzando la cabeza queriendo retar con su orgullo a latristeza.
            Mientras,Clotilde correteaba tras una mariposa mientras se preguntaba, aún joven einocente, por qué ni Cortada ni Cateta querían jugar con ella.
            Yen silencio estuvieron un buen rato, el suficiente para tomar una decisiónfirme sobre su futuro. Luego, más tranquilos, se fueron a dormir esperando elnuevo día.

            -¡Tuuuuuuuuuusaaa!¡Achacaa! –fue el grito que despertó a nuestra familia dividida. Un hermoso solanaranjado se insinuaba en el albor y en la lejanía. Los pájaros autóctonoscantaban y revoloteaban, y una suave brisa rozaba el pelaje aún suave deClotilde.
            -¡Vamospequeña!—le despertó Remi.—Hoy es el día.
            -Mmmuu—se quejó perezosa Cloti.
            -¿Cómo? ¡Como vuelva a oírte ese mu! ¡Ni mu ni ma! ¡Vamos pequeña mía—dijohaciendo una caricia reconciliadora.
            Clotilde,medio dormida aún, se levantó y siguió a su madre.

            Pasaronlas horas del día de la misma forma rutinaria y aburrida de siempre. Pastandopor aquí, una cabezadita por allá, tumbados un ratito y aguantando los paseosescandalosos del granjero de vez en cuando.
            Porfin, cuando las primeras horas de la tarde llegaban, se empezó a escuchar eltrote bravucón y los bufidos chulescos de los toros retornando de su excursióndiaria. Con ellos venía Gallardo, corneándose con alguno y disimulando.
            -Mama, ¿por qué nosotras no vamos de excursión?—preguntó envidiosa Clotilde.
            -Claro que vamos, pequeña, pero cada mucho tiempo. El granjero nos busca otrospastos en las cercanías y nos traslada.
            -¿Y eso es todo?—preguntó desilusionada Clotilde.
            -¿Y qué más quieres, nena?
            -Pues... ¿Y todo ese campo de allí?—preguntó señalando con el hocico.
            -La verdad, nena—contestó la Remi con tristeza,—es que nunca nos llevan tanlejos.
            Madree hija caminaban tranquilas hacia la valla para reunirse con Gallardo. Éste,con su trote elegante, se acercó hasta ellas y agachando su testa, les susurró.
            -Ya tengo un plan, mis chicas.—Remi y Cloti acercaron sus orejones—Cuado escuchéismi bufido, haga lo que haga, debéis seguirme. Estad cerca de este lado de lavaya y cuando me escuchéis...
            -Pero cariño, ¿cómo vamos a seguirte estando la vaya?—le hizo ver Remi.
            -Ya lo verás. Vosotras seguidme sin dudar.
            Lasdos chicas asintieron con firmeza y Gallardo, como siempre elegante, se marchóa disimular.

            -¡Raca, rica, raca, chiiiicaa!—se escuchaba desde el fondo al granjero dando poraquí y por allá con su vara larga.
            -¿Qué va a hacer papi?—preguntó Cloti.
            -No tengo ni idea, pequeña. Tú sólo estate cerca mío y haz lo que te diga—ledijo la Remi confiada con el plan de su Gallardo, fuera el que fuese.
            -Si, mami—Cloti, expectante, esperaba ansiosa los acontecimientos.

            Unahora pasó desde la reunión familiar y durante esa hora la Remi pudo observarque Gallardo miraba continuamente de reojo al granjero. De pronto, cuando eldel palo largo estaba bastante lejos de ellos, Remi dio un salto de susto juntoa todas las vacas pesadas ellas, junto a los toros bravísimos ellos, junto alos pajarillos y junto a los árboles, arraigados ellos, al escuchar un tremendobufido, incluso exagerado, pues no hubiera hecho falta tanto volumen para saberque era la señal... que Gallardo desenfrenado dejaba escapar por su garganta ala par que con un furioso y muy bravo, ahora sí, galope se dirigía hacia laRemi alucinada y la Cloti más alucinada aún.
            Estasse arrejuntaron al ver al poderoso zaino de casta ancestral, con susmonumentales cuernos curvos, con sus fibrosos músculos tensados y con su miradafiera que en espantante carrera iba directas hacia ellas.
            -Cariño...—empezó a decir la Remi cuando Gallardo ya estaba a diez metros—tencuidado con...—aunque sabía que, ni aún a los cinco metros que ya estaba, leescucharía. Gallardo, enfilado, bajó sus cuernos—conla...—¡Tin!—valla.—Gallardo, embistiendo, había hecho saltar los alambres comosi de cuerdas de guitarra se trataran.
            -¡Vamos, mis pequeñas, seguidme!—gritó Gallardo sin detenerse.
            Remiy Cloti, casi sin capacidad de reacción, dudaron milésimas de segundo. Luegosaltaron a la carrera siguiendo a su Hércules vacuno particular.
            -¡Ala, mami! ¡Qué fuerte es papi!
            -Si hija, ya lo sé... Una ya está acostumbrada, pero... la verdad es que esoscuartos delanteros... El más bravo, bravo bravísisisimo.
            Yaunque fueran a galope tendido tras su coloso, en el fondo bien parecían dosmarujas hablando de las virtudes de un buen mozo. Altaneras y orgullosas, conla cabeza bien alta, su galope bien parecía un trote distinguido y volador.
            -¡Vamos, dejad de parlotear!—y Gallardo, todo al galope él, volvía a enfilar lavalla del cercado de las chicas, la que estaba más alejada, la que marcaba ellimite, la que daba a la libertad.
            -Mami—Cloti jadeaba—¿Dónde vamos?
            -Pues... creo...—Remi iba también jadeando—que donde tú... decías antes. Allá...tan lejos. ¿Gallardo?
            PeroGallardo no escuchaba, tan sólo distinguía aquella maldita valla de la que ibaa dar buena cuenta. Concentrado en dirigir a su rebelde familia, encaminaba condecisión su carrera hacia una destino férreo.
            Elresto del ganado, pues ganado es lo que eran, miraban confundidos y asombradosaquella incomprensible escena. No lograban descifrar qué hacían aquellos treslocos, aquella familia galopante. Y ganado como también lo era, el granjero,con su palo largo, ahora quieto... ¿Cómo iba a entender aquello cuando noentendía ni a su mujer?
            Sóloen el último momento, a diez metros de otro ¡Tin!, pudo entrever algo con susojos medio cerrados—aunque lo veía todo estupendamente—, le pareció observarcomo si tres de sus reses pretendieran escapar, o algo así.
            -¡Aaaande vaaiiiis!—atinó a gritar aunque realmente lo estuviera preguntando,como si esperara respuesta, algo así como si Gallardo se fuera a parar ydecirle <<No, mire, señor granjero, me voy a escapar con mifamilia...>> ¡Yo qué sé! De verdad, estos humanos...
            Pero,tranquilos, que Gallardo, a parte de no hacerle ni caso y, a parte también, deno haberse parado en el caso de hacerle caso, la cosa es que el caso eraimposible, pues si ni la mujer del Granjero entendía a su marido, ¡no ibaGallardo a entenderle y encima hacerle caso!
            Endefinitiva, el caso importante es que Gallardo arremetió con todas sus ganas yante el asombro general, contra aquella maldita valla que la vida encerraba.Otro inmenso ¡Tin! Retumbó en la comarca. Otro inmenso bufido saludó a lalibertad. Otra inmensa realidad comprendió al fin el ganado, con granjero ytodo. Tres de sus reses se habían escapado.
            -¡Vamos nenas!—les gritó el audaz Gallardo.

            Ysaltando al nuevo mundo, les asaltó también una nueva vida.
            LaRemi y la Cloti, que aún más orgullosas marchaban a la carrera tras suTintineante y hercúleo Gallardo, justo al cruzar la brecha hecha en el cercado,presumieron entre ellas.
            -¡Jo con papi, que cornadas da!
            -Uiss, a mi me ha impresionado el bufido...—y unos metros mas para allá, laRemi, girando la cabeza, dijo:
            -Ala, ahí os quedáis.

            Yal galope tendido salió de aquella cerca esa familia aventurera. Dejando atráslos mugidos escandalosos de las vacas y los toros que, alborotados, iban de unlado a otro sin entender nada de lo ocurrido, nuestros protagonistas avanzaronpor el mundo.


Continuará...

martes, 14 de junio de 2011

La Vaca que subió a la Montaña. 1ª Parte.

    Primera Parte.
         - ¡Yeeeeepaaa! ¡Trrrrrr! ¡Trrrrr! ¡Amoschicaaaaaa, chicaaaaa! ¡Tuuuuuuusaa! – se escuchó al fondo del prado.
            Remigia,alzó lentamente la mirada y, mientras rumiaba unos hierbajos, meneó la cabeza.
            -De verdad, estos humanos... No me extraña que no se entiendan.
            -Toda la razón, Remi, toda la razón. Así están, todo el día enfadados.
Fíjateque el otro día, Robusta y yo estuvimos hablando...—y ésa era Roncada, debidosu nombre a los mugidos, no de calidad, sino por su cantidad, pues se pasaba eldía y parte de la noche mugiendo y más mugiendo. Y claro, se quedaba ronca...Si alguien quería saber cuanta leche le habían sacado a Ronalda, se lo decíaRoncada. Si el interés estaba en la salud de Rotunda, se le preguntaba aRoncada. ¿Qué quién había rumiado de más? A Roncada. En fin, Roncada era elnoticiero del prado y su hija Cotilla le iba a la zaga.
            -Pues a mi me ha dicho Cortada, que su madre Rodada le ha dicho que es que lospobres humanos no se entienden entre sí, por eso se gritan tanto...
            -Tua callar—le dijo Roncada—Y vete a jugar con Cortada, Carpanta y Cleopatra.
            -Mmmmuuu...—DijoCotilla por lo bajini.
            -¿Qué?¿Cómo has dicho? ¿Muu? ¡Habrase visto! ¡Descarada!
            YCotilla, tras su ofensivo “muu” había salido al trote saltarín.
   
     
            -¡Laaalavacaaa! ¡Trrrrrr! Cheeeca,cheeca...—seguía acercándose el granjero.
            -De verdad, este tío... ¿No se puede callar un rato?—dijo mientras se acercabaRemilgada.
            -Puesviene directo...-apreció Remigia
            -¡Tuuuuuuusaa, Remiiiiiiigiaaaaaa! ¡Empacaaa!
            -Buenoooo—murmuro Remilgada
            -Ya te toca, cariño –le informó Roncada.
            -Y a ver con quien...—se resigno Remigia.
            -Ya sabes cariño, lo que dicen: Valor y al... –insinuó Remilgada.
            -Tuitititi—dijo el granjero dando con la vara a las compañeras de Remi.
            -Será idiota—protestó Remilgada.
            -Le daba o con el palo largo ese...—comentó Roncada separándose.
            -Amos bonicaa, mpasarloiennn, titititituii—le daba a Remi guiándola fuera de lacerca hacia la granja.
           
            Sellevaron a Remi fuera del prado y sabía perfectamente para qué: Le tocaba aella añadir una generación al prado.
            Elgranjero la condujo por el camino y la llevó a otro cerco, situado justo allado de la destartalada y vieja casona de la granja. Allí, en una esquina, conla cabeza agachada, esperaba un toro negro, pero que muy negro. Y ella, lapobre, toda blanca ella. Aquél que inventó las vacas y los toros, ahora loentiendo, tenía un propósito, pero tampoco se pensó mucho el asunto: Toronegro, azabache, carbón, zaino, pero siempre oscuro, muy oscuro. La vaca...marfil, hueso, clareo, pero siempre blanca, blanca blanquísima. Con lo sucioque es el blanco, como siempre decía Rescatada.
            Pueseso, dejando al toro todo negro él y a la Remi, toda blanca la pobre, en tan románticasituación, gritando:
            -¡Ala,torolotuyoooo!—se fue tan tranquilo el tío.

            LaRemi se quedó allí mismo y comenzó a rumiar distraídamente, como siempre, unmatojo de cardos, ¡con lo indigestos que son! El toro negro, en la otraesquina, quietoparado, no giraba la cabeza ni levantaba el morro que escondíaentre sus pezuñas. Así estuvieron cerca de dos horas. Al cabo, La Remi, algodesconcertada, miro al toro. Este, que se sintió observado, bajó aún más suscuernos. Con paso lento y discreto, la Remi se acercó uno poco.
            -¿Y bien? –preguntó la Remi algo molesta. El toro, dando tres pequeños pasos, seescondió todavía aún más. –¿Y a ti qué te pasa? –preguntó—déjame verte la cara,que ni siquiera sé quién eres.
            -Gallardo—murmuró el tímido y negro toro.
            -¿Cómo? –insistió nuestra blanquísima Remi.
            -Gallardo—repitió casi inaudible.
            -¿Qué?¿Quieres hablar más alto, toro?—y el pobre Gallardo, levantando un poco latesta y mirando de reojo a la Remi, repitió:
            -¿Gallardo? ¡Venga ya! ¿El Gallardo que se pasa el día mugiendo como un bravucóna los demás toros? ¿El que está siempre coceando tierra y presumiendo delantede nosotras?
            -S... s... si—dijo avergonzado.
            -¡Ja! ¿Y ahora que te pasa?
            -N...n... nada—dijo mirando de reojo nuestro vergonzoso, tímido, presumido y negrotoro.
            -¿Es que tienes vergüenza?
            -No, no... Bueno... un poco
            -¡Anda! Mira tú el bravucón este... ¿Y tu vas a ser el padre de mi Clotilde? Ay,tantos años deseando a mi pequeña... ¡Vaya, espero que tengas otras virtudes!,que mi pequeña va a ser la más guapa y educada de la comarca, así que ya estásespabilando, ¿me escuchas? A ver, ¿por qué tienes vergüenza?
            -Pues...—nuestro negrísimo, tímido, vergonzoso y presumido Gallardo, algocohibido, no sabía como explicarse—es que... tu... me gustas mucho...—y laRemi, todo lo blanca que era ella, de pronto, pareció volverse rosa. ViéndolaGallardo, se envalentonó algo.
            -La tierra la coceo por ti—y a la blanca o rosa Remi se le quedaron las orejasgachas.
            -A pues...—intentó decir—pues a mi siempre... tu... tienes unas patas delanteras...que me gustan mucho...

            Deesta forma, algo que parecía muy poco romántico en sus inicios, se convirtió enuna escena bendecida por los ángeles sonrientes. Dos semanas se paso la Remivisitando el cercó donde le esperaban los cuartos delanteros mas musculosos delprado, según ella, claro. Cada día que se añadía a ese volátil tiempo resultabael  momento más esperado e ilusionado porla Remi y el Gallardo. Los primeros días, a la luz púrpura de la vergüenza, secontemplaban de reojo sin atreverse a ser descubiertos, bueno, eso es mentira,si que deseaban ser descubiertos, porque no se engañen, el amor tiene mucho deengaño. ¡Oh! Disculpa que he tropezado con tu pezuña... ¡Ay! Que torpe soy quete di con mi cola... En fin, engaño, lo que digo. Engaño y vergüenza esosprimeros días hasta que, llegado un momento, uno de los enamorados aguanta lamirada y el otro la aguanta también, y se paran bajo el rojo atardecer, y sedudan y se acercan y, de pronto, con un rayo de alguna estrella misteriosa ylejana, con alguna brisa elevada desde algún misterioso y lejano lugar, losenamorados entrelazan sus cuellos y en el silencio de no sé qué lejano ymisterioso hechizo, ninguno atina a decir una palabra, ni deseos que tienen, yallí se quedan con el querer, pues esa es la definitiva definición del amor.Si, animales míos, el amor es esa magia capaz de provocar que un toro negro ybravucón y una vaca blanca y decidida mantenga un silencio eterno ante unsimple entrelazado de cuellos.
            Yllegaron esos últimos días, pues siempre los hay, en donde se cierne sobre elamor las vallas de los extraños seres que nadie comprende, empeñados en separaresos cuellos inseparables ya. Pues sí, después de dos semanas donde cada nochevivían pequeñas punzadas de dolor al ser llevados cada uno a su cerca hasta eldía siguiente, llegó el fatídico momento en que esa empecinada valla se quisohacer notar en las vidas de Remi y Gallardo. Esa noche, la ultima, ninguno dijonada, tan solo se miraron y remiraron mientras con pasos lentos recorrían, cadauno a un lado de la estúpida valla, eran conducidos por el limitado granjero asu lugar en la cerca. ¡Como si nuestro lugar tuviera algo que ver con un montónde tierra y hierba!

            ¡Ah,pobres granjeros con sus vallas! Dejémosles que en aquel prado, aun con cercaso con lo que quieran, algo ya estaba en camino...