viernes, 27 de mayo de 2011

Relato de un Atrapado


(Texto perteneciente a Siembra, 2º Libro de Las Crónicas de Ávalon Esmit. El Pasaje describe como, entre las ruinas sepultadas de una vieja estación de trenes, a varios metros bajo tierra, encerrado en un ascensor, Jeremías descubre los restos de un escritor que murió varios días después del día del Apocalipsis)

En una esquina, casi escondida, una calavera, limpia,impoluta, de cuencas profundas y vacías clavaba en él su mirada oscura.Aquellos restos pertenecían a un hombre, a alguien sorprendido por la honda dela explosión que no pudo salir de allí, que descubrió allí la muerte. No pudoevitarlo, con una mezcla de pudor, lástima, miedo, asco y curiosidad alargó subrazo y tomó con cuidado la calavera llevándola hasta sus ojos.
-  Después de todo,- susurró – en esto nos convertimos.
Esto quedará cuando muramos. Da igual, héroeo villano; libre o esclavo… Si amamos o sufrimos, si reímos o lloramos… ¿aquien le importa? A las ratas no, desde luego. Tampoco al metal que nosencierra o la tela que adorna nuestro ego. Ni a los cables que nos descuelgan oa las cuerdas que no nos lanzaron. Así, de improviso nos llega. En un trono, enel aire, en la tierra… en el subsuelo. Sin discursos de despedidas, sin adiosesemotivos, con rabia repentina, sin saber si se ha vivido. La muerte nos acechaen cada esquina, en cada minuto. Sigilosa, invisible… Y nosotros, ignorantes ypedantes, prepotentes charlatanes, temerarios del destino, en un momento, en unsegundo, sin amar lo suficiente, sin perdonar a los queridos, sin vivir conemoción, con el rencor del que no ha luchado, con el miedo del sorprendido, conmil sueños frustrados, con mil fracasados, llorando en el instante no sentidode la muerte repentina, en ese milisegundo que vislumbramos el final con elcorazón ya sin latidos, así nos encuentra y así nos vamos… Si, después de todo,de todo lo que no hemos vivido, de todo lo que no nos atrevimos, de todo lo queno soñamos y no intentamos, desperdiciando tanto como desperdiciamos, perezososde vida ¿Qué pretendemos que quede de nosotros? ¿Un cuerpo bello y lustroso?No, dejamos lo que somos. Un bello esqueleto, armazón de lo que pudimos ser ydespués, el resto, lo que fuimos: Polvo y artificio. Después de todo, esto eslo que somos.


Después, sintiendo que con aquellas palabras liberabasu corazón, tras ese arrebato místico que sorprendió hasta al propio Jeremías, volvióa dejar la calavera en su sitio con cuidado y mirando las cuencas vacías leprometió que tendría una digna sepultura. Tras su promesa, siguió con lainspección de la cabina. En otra esquina descubrió un nuevo objeto. Era unaespecie de paquete o envoltorio plástico. Lo cogió y lo observó. Diría que erauna bolsa. Con cuidado la desdobló y mirando en su interior encontró algoextraño. Metiendo la mano sacó el contenido con cuidado. Con sorpresa comprobóque era algo parecido a un libro. Las tapas y las hojas estaban unidas por unaespecie de alambre en espiral. Las tapas, aunque más gruesas que las hojas,eran blandas y de un color rojizo muy deteriorado. Colocando su Vircom en elsuelo a modo de lámpara, con ojos chispeantes por la emoción, Jeremías abrióaquel extraño libro.
  Sus hojasdescoloridas insinuaban algún tipo de cuadricula. En caracteres mayúsculos,Jeremías pudo leer con algo de dificultad lo que parecía el título. Con pudor,sensación que no pudo explicar sentirla, lo leyó en un susurro:

-  Relato de unAtrapado. – y Jeremías dudó si seguir leyendo. Pasó la primera hoja y encontrólo que sería una larga dedicatoria o una simple y escueta carta. Decidió leeraquellas palabras.
-  Carta al amoreterno. Amor mío, hoy te enfadaste por no ver nuestro futuro y yo,  valiente, iluso, enamorado, te mostré estecuaderno; lo abrí y recorrí sus vacías hojas y te dije: este es nuestro futuro.Ya ves, este escritor sin libro, este autor sin obra, fue mejor profeta quepoeta. No sé que ha caído sobre nuestras cabezas, si un meteoro, una tormenta osi al final estalló la temida guerra, sólo sé que el silencio que me llega,después de dos días de soledad, me ha anunciado que todo se ha acabado. Elmundo, los días… mi vida en breve, nuestro futuro… Tu permaneces por que ereseterna, yo, contigo hasta el final del universo, yo contigo, soy eterno. Desafíoasí al día negro y a la guerra, al destino y a la muerte, nuestro futuro noserá un cuaderno vacío. Ya he luchado por mi vida, ahora lo haré por miespíritu. He intentado escapar de esta ataúdica prisión. He trepado por lapromesa de los grasientos cables para tratar de llegar a una tierra ennegrecidaque ya no nos espera ni nos necesita. Rompí mis dedos en los resquiciosmetálicos que llevan al infierno. Grité al dios olvidado, al demonio perezosoy, aquí, mi alma abandonada que ya ni el tiempo reclama, me pregunta: ¿Cómoquieres morir? Y yo, con la ironía de un sueño al fin alcanzado, pienso quequiero hacerlo como siempre quise vivir. Da igual el destino o el futuro de mivida o de mis letras, yo quiero morir escribiendo algo para ti.

Allí, sentado sobre el polvo de un muerto, leyendo susúltimas palabras, Jeremías sintió una gran tristeza. Volvió a envolver el libroy mientras se arrepentía a medias de sus anteriores palabras, lo guardó en elbolsillo trasero de su chaqueta. Llevó sus ojos húmedos de nuevo hacia lacalavera y decidió pedirle perdón.
-  Quizás fuistealgo más que polvo. Tuviste carne de sueños y sangre de palabras… eso es muchomás que artificio. Perdón por mi juicio ligero… Vivimos tiempos difíciles paralos que reconocen la verdad. Y la verdad es que os enjuiciamos y os olvidamos.Os sepultamos a todos bajo la misma losa del prejuicio y sobre ella edificamospara después regocijarnos ante nuestro esplendoroso futuro. En polvoconvertimos todo el pasado pues entorpecíais nuestro caminar. Fuiste carne desueños y sangre de poemas. Fuiste sonrisa triste y lágrima emocionada. Fuistevoz enamorada… Y ahora ¿qué eres? Quedan tus huesos conservados por el azar detu destino. Quedan sólo retales roídos de lo que abrigó tu brevedad. Fuiste pobreo rico, poco importa ya. Todo lo que tuviste, míralo, con un simple soplo lorevuelvo, con un viento ligero te abandonaría. Pero sólo en tu encierro, en tuentierro más bien, aquí, en tu ataúd, todo lo comprendiste. ¡Dichoso tú quetuviste tiempo! ¡Cuantos murieron sabiendo que nada dejaban! ¡Sólo polvo!Pocos, sí, pues pocos entendieron a tiempo el vuelo del fénix, Pero tú,encerrado junto a la verdad, lo comprendiste.
>>Yo, aquí, sobre tus huesos, hago una promesa.Llevaré tu herencia hasta lo eterno, como soñaste. Y gritaré a los cuatrovientos que polvo sólo es lo que nos rodea pero eterna es la palabra que sedeja como herencia. Polvo se desprende tras tu estela, cierto, pero ni polvofuiste ni polvo dejas. Con claridad lo veo: amor y palabra eterna es tudescendencia.

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